¿Qué mas recuerdos? Me vienen muy confusos. Mujeres que esperan ante la puerta de la fábrica. No se puede entrar más que diez minutos antes de la hora, y cuando se vive lejos hay que venir veinte minutos antes para no arriesgarse a un minuto de retraso. Se abre un portillo, pero oficialmente "no está abierto". Llueve a mares. Las mujeres está afuero bajo la lluvia, delante de esta puerta abierta. ¿Qué más natural que resguardarse cuando llueve y la puerta de una casa está abierta? Pero ni se piensa en hacer ese movimiento tan natural ante esta fábrica, porque está prohibido. Ninguna casa extraña es tan extraña como esta casa fábrica donde uno gasta cotidianamente sus fuerzas durante ocho horas.
Escenas de la paga. Se desfila como un rebaño, ante la ventanilla, bajo el ojo de los encargados. No se sabe cuanto se recibirá: habría que hacer siempre cálculos tan complicados que nadie los saca, y con frecuencia hay arbitrariedad. Imposible defenderse del sentimiento de que ese poco dinero que se nos da a través de la ventanilla es una limosna.
El hambre. Cuando se ganan 3 francos a la hora, o incluso 4, o incluso algo más, basta una desgracia, una interrupción del trabajo, una herida, para tener que trabajar durante una semana o más pasando hambre. No la subalimentación, que puede darse permanentemente, incluso sin que haya ninguna desgracia por el medio: el hambre. El hambre, unida a un duro trabajo físico, es una sensación punzante. Hay que trabajar tan rápido como de costrumbre, pues sin no tampoco se comerá la semana siguiente. Y para colmo, uno se arriesga a que le echen una bronca por producción insuficiente. Tal vez el despido. No será una excusa decir que se tiene hambre. Se tiene hambre, pero a pesar de todo hay que satisfacer las exigencias de esas personas por quienes se puede, en un isntante, ser condenado a tener más hambre todavía. Cuando no se puede más, hay que esforzarse. Siempre esforzarse. Al salir de la fábrica, volver inmediatamente a casa para evitar la tentación de cenar, y esperar la hora del sueño, que por otra parte se verá turbado porque también por la noche se tiene hambre. Al día siguiente, volver a esforzarse. Todos esos esfuerzos tendrán su contrapartida: algunos billetes, algunas monedas que se recibirán a través de una ventanilla. ¿Pedir más? No se tiene derecho a nada más. Se está allí para obedecer y callar.
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