Lino Budiño
Fernando Savater en su libro “El valor de educar” (1) nos conduce a mover los pensamientos y las ideas para buscar reflexiones acerca de la verdadera importancia del hecho educativo, como mecanismo válido de acceso al conocimiento.
Naturalmente, si quienes nos conducen o se presentan a elecciones para conducirnos, no saben nada de política educativa, escasamente han indagado lo que pasa en países más desarrollados y serios, jamás han comparado métodos y sistemas, y en realidad no le otorgan demasiada importancia a la educación, pues entonces, estamos condenados al fracaso en el corto, mediano y largo plazo.
Frente a esta realidad de la sociedad española del siglo pasado, Savater propone convertir a la educación en un tema de moda, para que la sociedad se involucre, y de esa forma “convencer a los políticos que sin una buena oferta educativa, nunca lograrán el apoyo de los votantes”.
No es naturalmente el caso de nuestro país, porque ni siquiera la doctrina política y la ética funcionarial – que están primeras – obtienen algún reconocimiento público. O sea que estamos peor.
Los ministros de educación que supimos conseguir en los últimos 25 años, salvo contadísimas excepciones, cuando han mostrado sus diplomas docentes o acreditado experiencias, nos han metido en problemas gravísimos de deterioro educativo. Reformas copiadas contraculturales, improvisaciones y manoseos reiterados han provocado desequilibrios desde las conducciones institucionales hasta las intervenciones sindicales, pasando por descensos en los principales actores: maestros, padres y alumnos.
Esta materia (Metodología del Acceso al Conocimiento – MAC) no puede pasar por alto este tratamiento, porque estaríamos ignorando el entorno e insistiendo en una teorización que ya nos ha hecho mucho daño.
Así como no se puede aprender computación sin ordenadores, a manejar sin coches o a estudiar música sin partitura, instrumentos y profesores destacados, tampoco podemos abocarnos a la metodología de estudio adecuada a cada personalidad, si no conocemos el medio y si no hablamos con la verdad.
En nuestro planeta – al menos lo que generalmente se conoce de él – los únicos seres vivos que pueden elegir un destino somos lo humanos, ya que los demás vienen predeterminados. En consecuencia si bien nacemos humanos, debemos “recibirnos” mediante una buena relación con el medio circundante, con el objetivo de mejorarlo y Humanizarlo ética y socialmente. En ese orden.
Savater nos dice, que la vida humana consiste en habitar un mundo en el que las cosas no solo son, sino que también significan, ya que no es lo mismo procesar información que comprender significados, y es precisamente lo que haremos en esta materia: aprender a pensar y simultáneamente aprender a pensar sobre lo que se piensa.
No es un juego de palabras, sino el objetivo. De allí la importancia de saber qué es la mente, qué es el cerebro, qué es el pensamiento…. y cómo podemos ver, diferenciar e integrar cada una de las caras del poliedro.
Ser un profesional terciario – que es el tercer nivel de la educación o universitario – exige un cierto grado de compromiso social, que exceda los propios y legítimos intereses personales. Cuando uno estudia y se abre al conocimiento ya ha ingresado en una nueva dimensión humana. La de ser un referente.
Porque el graduado podrá ser médico, licenciado, enfermero o asistente social trabajando en el delicado campo de la salud / enfermedad. No solo es un técnico que resuelve problemas mecánicos, sino una esponja social que absorbe todo tipo de problemas humanos, y como tal se requieren amplios grados de amplitud para poder visualizar.
Para algunos será algo difícil entender este concepto, fundamentalmente por dos razones: ser argentinos, lo que nos lleva a concentrar demasiado las cosas en nosotros mismos, al punto tal que las instituciones están desdibujadas, se vive en un estado de cuasi anomia y sigue imperando el “sálvese quién pueda”. Segundo: separamos trabajo de hogar, vale decir, intentamos dejar en la puerta de salida los problemas laborales, hasta que el conflicto interno, familiar o afectivo nos hace una zancadilla.
Las profesiones humanísticas requieren un fuerte y sólido compromiso solidario porque los asuntos a atender son complejos, en su forma, en su estructura y en su esencia.
Esta materia está orientada a buscar la forma personal – según los dones de cada uno – de entrenarse en la comprensión de significados.
John Passmore (2) enumera los efectos principales que debe lograr una enseñanza verdadera y trascendente: 1) hacer que los cursantes respeten los poderes de su propia mente y que confíen en ellos. Que no tengan una educación memorista ni oportunista; de allí la importancia de privilegiar “el aseo” de la mente antes de entrar a “esa casa” a estudiar.
2) que se amplíe la condición antedicha, a pensar acerca de la condición humana, de la situación conflictiva del hombre y de la vida social. Volver al primer hogar de la niñez y apreciar como una totalidad el conjunto que lo rodea, solo que ahora los padres, abuelos, amigos y vecinos son reemplazados por personas que no son parientes ni amigos, pero que son personas.
3) proporcionar un conjunto de modelos funcionales que faciliten en análisis del mundo social en el cual vivimos y las condiciones en las cuales se encuentra el ser humano. Esto es así porque nadie puede realizarse en una comunidad que no se realiza, y por consiguiente, nadie puede sobrevivir en un ambiente cósmico contaminado. Si nadie interviene, poniendo la ética y la razón – en ese orden – sobre todas las cosas, para lo que nos toca directamente: a) no habrá institucionalidad, ni república ni justicia en nuestras patrias latinoamericanas, y b) en el plano de la globalización – como diría Luther King – si no aprendemos a vivir todos juntos como hermanos, moriremos todos juntos como idiotas.
4) crear un sentido de respeto por las capacidades y la humanidad del hombre como especie. El mundo vive la pandemia del Harbar (3) porque hemos separado al Hombre de todo. Pocos parecen saber que cada persona es una célula pequeñísima de ese gran cuerpo que es el planeta Tierra, y a su vez nuestro globo es un átomo pequeñito de la galaxia, y ésta es una parte mínima del universo. Tener conciencia de esto significa apreciar que solo considerando al Hombre como integrado al Cosmos, como parte indisoluble de él, y de su inexorable funcionamiento asociado, podremos ingresar al Conocimiento.
5) dejar en el estudiante la idea de que la evolución humana es un proceso que no ha terminado. La vida verdadera no comienza con el nacimiento y termina con la muerte, en principio porque el espíritu que amarra nuestro cuerpo es inmortal, y además porque todos formamos parte de un plan evolutivo. En consecuencia, nuestra tarea en la Tierra/personname> y en las Aulas, es refirmar este concepto.
Dr. Lino Marcos Budiño
Profesor de Metodología de Acceso al Conocimiento
(1) Savater, Fernando (op. cit) ARIEL, Barcelona, 1997.
(2) J. Passmore, Filosofía de la enseñanza, México, 1983.
(3) L M Budiño, El harbar y la Educación./personname> Blog/personname> Transdisciplinas. www.linomarcosbudino.com
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